¿SOBRADAMENTE PREPARADOS? EL PROBLEMA DE LA FORMACIÓN DEL PROFESOR DE ELE.

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Hace algunas semanas surgió en Twitter un interesante debate sobre la formación de los profesores de ELE. Para mí este uno de los aspectos indispensables sobre los que fundamento mi labor docente, lo considero algo básico y nunca lo he visto como una competición por lo que me sorprendió mucho descubrir el concepto de “Burbuja formativa”.

Llevo trabajando en la misma escuela desde 2003 por lo que en muchos años y por suerte, no me he visto obligada a buscar trabajo y no sé muy bien como está la cosa, así que me puse a investigar un poco y descubrí horrorizada que si hoy, con treinta y siete años y dieciocho de experiencia enseñando español en muy diferentes ámbitos, tuviera que ponerme a buscar trabajo, tendría que competir con un montón de chavales recién salidos de la universidad que tienen un máster (incluso más) o alguno de esos maravillosos cursos que te enseñan a ser profesor de español en pocas horas y que probablemente conseguirían el trabajo antes que yo.

¿Por qué me formo?

Primero de todo: siempre he tenido y tengo la sensación de que todavía me queda mucho por aprender. No creo que nunca veáis en este blog una entrada en la que os enseñe a hacer algo, alguna “ponencia” o soluciones definitivas a problemas. Más bien os hartaréis de preguntas y de dudas. ¿Problemas de inseguridad? no me lo parece. Creo que nuestro trabajo está en permanente evolución y constantemente aparecen nuevas teorías, métodos, estudios, etc, que hacen del profesor un medio mucho más eficaz a la hora de apoyar el aprendizaje de sus alumnos. Por otro lado la vida, la sociedad cambian a un ritmo vertiginoso, cada día se producen innovaciones tecnológicas que, aunque en un principio nos parecen casi marcianas, en poco tiempo están plenamente integradas en nuestra vida, en la vida de nuestros alumnos y que debemos adaptar y aprovechar para mejorar nuestro trabajo. Para mí la formación es indispensable, siempre hay algo nuevo que quiero conocer, que quiero aprender y probar, que a lo mejor luego no me resulta útil, pero en general tengo siempre esa necesidad  y si echo la vista atrás puedo decir que gracias a eso mis clases hoy en día son mucho mejores, mis alumnos salen mucho mejor preparados, se comunican mejor y disfrutan muchísimo más de su proceso de aprendizaje. ¿Soy la mejor profesora del mundo? No, seguro, pero soy mucho mejor hoy de lo que era el año pasado e infinitamente mejor que hace 10 años, así que ¿por qué conformarme si todavía puedo mejorar? por eso me llama mucho la atención encontrarme con profesores que consideran ese aspecto como algo inútil o innecesario.

La burbuja formativa

Está claro que la formación es importante para el docente pero ¿qué pasa con la burbuja formativa?¿de verdad existe?¿estamos “sobre-formados”? Sinceramente, creo que si existe, no hay nada que nosotros podamos hacer, más allá de actuar con cabeza. No creo que la solución sea renegar de la formación, eso es más bien la excusa de esos profesores que saben de todo y no necesitan aprender más. Tampoco es una solución lanzarnos de lleno a ella porque nuestro trabajo es enseñar y la formación es una herramienta para llevar a cabo esa labor y no es el trabajo en sí.  Deberíamos centrarnos en aquellos aspectos que nos ayudan  a ser mejores y tener la esperanza de que al final, en los lugares en los que nos contratan, valorarán más nuestra capacidad docente y nuestra formación específica y “personalizada” que  el número de másteres o de cursos “para ser profesor en X horas” y lamentablemente, para eso lo único que podemos hacer es  llevar a cabo nuestro trabajo lo mejor posible y cruzar los dedos, ya que tengo la certeza de que la  acumulación porque sí, no hace a un buen profesor y una institución que busque al mejor, no contratará por el número, sino por la calidad de los mismos y como  se adaptan al bagaje del docente.

Por otro lado me parece que es un enorme error considerar como formación aquellos cursos  por los que pagamos, cuanto más mejor. Cada congreso, cada encuentro, coloquio, etc , supone un increíble foro no solo donde aprender,  sino que es un  punto de encuentro increíble donde conectar con otros profes, compartir experiencias, triunfos , fracasos y sobre todo conocimientos. Por otro lado, hoy en día la formación está a nuestro alcance  a cualquier hora y en cualquier lugar, en muchos casos de manera gratuita o a precios muy asequibles.

En definitiva, me parece que no se puede ser un buen profesor sin una formación continua y efectiva pero formarnos “a granel”  tampoco es la solución si no lo enfocamos a paliar carencias o a mejorar, renovar puntos de vista, etc,  ¿Cuál es el punto entonces? Creo que cada uno  conoce cuales son los aspectos a mejorar, o sus necesidades específicas en cuanto al contexto en el que desarrolla su actividad. Nadie nos conoce mejor que nosotros mismos y dado que las posibilidades hoy en día son infinitas, podemos acceder  a la formación que mejor se adapta a nuestras necesidades para ser mejores, no para competir o rellenar espacio en el currículo.