RENOVARSE O MORIR

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Estamos a punto de celebrar el tercer cumpleaños de este blog y me parece muy curioso que es ahora, cuando echo la vista atrás, cuando de verdad siento que el dicho (manidísimo) que da título a esta entrada empieza a tener sentido para mí.

Como ya sabéis, hace algo más de seis meses me mudé a Escocia después de haber pasado los últimos trece años de mi vida trabajando en la misma escuela en Madrid. Siempre había sentido esto como una gran suerte y no solo porque semejante estabilidad en los tiempos que corren es para estar agradecida, sino porque además me encantaba la escuela y por en cima de todo me encantaban ( y me siguen encantando aunque en la distancia) mis compañeros

El hecho de emigrar me ha supuesto, además del lógico  cambio de país y por lo tanto de espacio vital, una auténtica revolución a nivel laboral. Para una persona inquieta como yo, que nunca ha dejado pasar una oportunidad de innovar, que nunca ha desechado una idea para evolucionar sin estudiarla a fondo antes, que no ha tenido problemas para cambiar su forma de dar la clase, si eso las mejoraba, el choque con la realidad ha sido tremendo al darme cuenta de que a pesar de mi voluntad de evolución, estaba muy acomodada. No me culpo. Mirando las cosas con perspectiva llevo trece años en la misma rutina y eso te  hace acomodarte, por mucho que intentes innovar o mejorar.

Lo más interesante para mí, es que prácticamente todos los ámbitos de mi práctica docente se han visto afectados y me he enfrentado a cambios, si no radicales, muy sustanciales.

LUGAR DE TRABAJO: He pasado de trabajar “jornada completa” (lo completa que puede ser una jornada en una escuela de español) de lunes a viernes en la misma escuela, a trabajar en una escuela, sustituir en una universidad, trabajar en otra, dar clases extra escolares en un colegio y tener diferentes clases particulares ( en grupo e individuales) en diferentes lugares  y con horarios diferentes de lunes a  sábado.  Aquí se pierde la sensación de “fichar”. Estoy pluriempleada y gran parte del tiempo la paso corriendo de un lado a otro. Por suerte las distancias, son relativamente cortas.

HORARIO: En España trabajaba toda la mañana y hasta las seis o las ocho y media, según el año. Aquí, el día que empiezo a trabajar más temprano es las tres de la tarde. Todas mis clases son nocturnas y teniendo en cuenta que en invierno a las tres de la tarde ya es de noche, la sensación de salir de casa hacia el trabajo iluminada por la luna y las estrellas es muy extraña. también los estudiantes están más cansados. En su mayoría  vienen directamente desde el trabajo, o en el caso de los niños, acaban de salir de clase.

TIPO DE CLASE: En España mis clases eran diarias de una o dos horas de lunes a viernes. Este es un ritmo muy cómodo. No pasa apenas tiempo de una clase a otra y el avance suele ser en general, bastante rápido. Aquí mis clases suelen ser semanales de dos horas o dos horas y media y evidentemente el progreso se hace mucho más lento, es difícil coger ritmo.

LOS ALUMNOS: Las clases en Madrid eran bastante predecibles: por las mañanas el grueso eran chicas au pair, generalmente alemanas, en los cursos intensivos, con algunos estudiantes de otras nacionalidades pero de edades similares y  algún grupo de alumnos orientales. Por la tarde, grupos de orientales, a menudo más jóvenes que los de las mañanas y luego grupos muy mixtos compuestos de trabajadores y estudiantes (Erasmus, de máster, etc). Cuando llegué aquí esperaba uniformidad, pero ¡qué equivocada estaba! Es cierto que la mayoría de mis estudiantes son escoceses, pero no tengo una sola clase en la que no haya algún alumno de otra nacionalidad: ingleses, estadounidenses, franceses, sirios, egipcios, rumanos, noruegos, …y esto es genial, porque una de las cosas que temía perder, era la multiculturalidad del aula, uno de los aspectos que más me gustan de este trabajo y que más juego me dan.

EL MANUAL: Aquí es donde sin duda alguna me he sentido más cómoda ya que el año pasado cambiamos el manual de la escuela tras más de diez años y ya sufrí entonces el cambio (con alegría, debo decir). Por suerte, en mi actual escuela usamos el mismo por lo que después de un año con él, la transición ha sido muy suave y me ha ayudado mucho. En mi clase de la universidad no he usado un manual así que he ido empleando diferentes materiales, de diferentes fuentes y también muchos creados por mí y he disfrutado como nunca, aunque ha sido agotador. En las clases particulares estoy creando todo el material, pues me resulta más fácil para cubrir las necesidades especificas de cada grupo.

EL SUELDO: Un cambio evidente. Más adelante os contaré detenidamente cómo son las condiciones laborales (hay luces, pero también sombras, no os voy a engañar) pero en general la sensación de ver la nómina a fin de mes y comprobar que todas tus horas y todo tu sueldo (aunque modesto) están ahí, es indescriptible y reconozco que es a lo que más me está costando acostumbrarme.

Como se puede ver, algunos de los aspectos básicos a la hora de enfrentarnos a una clase han cambiado radicalmente así pues, no es extraño que a pesar de trabajar la mitad de horas, disponga de la mitad de tiempo libre, aunque también es cierto que como profesora me siento muy feliz. Enfrentarme a todas estas novedades ha sido un reto extraordinario pero ir superando poco a poco los problemas y ver como todo el esfuerzo y el trabajo empieza a dar frutos es una sensación increíble.

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