EXPRESAR PROPÓSITOS O CUANDO IMPROVISAR, A VECES NO ES TAN MALO.

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Tengo que reconocer que casi nunca me salgo del guión en mis clases a alumnos chinos. No me voy a detener en describir lo que es una clase de nivel inicial de chinos, la tradición educativa de la que vienen (ya la que se agarran como lapas) ni lo frustrante que puede llegar a ser, todos los sabéis y es un alumnado tan complejo que daría para varias entradas. Son clases que  resultan muy difíciles así que las planifico hasta el último detalle y suelo tener un plan B (y un C y un D) por si las moscas, por eso  me alegra compartir hoy con vosotros una clase que salió casi sobre la marcha y que para mi sorpresa funcionó de manera increíble.

Aprender a expresar propósitos se presentaba como una ardua tarea para estudiantes tan poco creativos y el manual tampoco ayuda demasiado. Por suerte, casi por casualidad, el
día antes recordé esta entrada y decidí arriesgarme, descargué los dibujos a mi tableta, saqué los rotuladores y las ceras de colores y me puse manos a la obra.

En primer lugar les enseñé los dibujos. No me interesaba que leyeran los propósitos todavía así que me centré  en las imágenes para presentar  el vocabulario y trabajar un poco el componente cultural.

En China el queso no es un producto demasiado consumido, tampoco el atún de lata y mucho menos los tacos. Este hecho nos dio pie a conversar y reflexionar sobre la influencia de la cultura sobre la lengua, intentamos deducir el significado de expresiones como “estar como un queso” o “decir tacos” y después ellos me explicaron expresiones similares (con alimentos) en su idioma y su significado.  Además surgió entre ellos un interesante debate improvisado: ¿cuenta el atún de lata como pescado?

Una vez entendidas las expresiones y todo el vocabulario leímos los propósitos que acompañan los dibujos  y les pedí que me explicaran lo que, basado en ellos, creían que era un propósito. Una vez aclarado el concepto, les pedí, ya que estábamos empezando el curso, que elaboraran una lista con sus propósitos para aprender español. Los agrupé en parejas para que hicieran una lista con lo que para ellos era necesario para aprender un idioma, después juntos seleccionamos los mejores y por último hicimos los carteles, transformando esos aspectos necesarios en propósitos para el nuevo curso. Como suelen tener problemillas para inventar de la nada les enseñé los dibujos con mis propósitos que había hecho antes, para que tuvieran una guía y por último los colgamos en la pared.

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Como veis, es bastante simple, pero hacía mucho tiempo uno de estos grupos no participaba en la clase de manera tan natural y sin demasiado esfuerzo por mi parte para involucrarlos. Una vez superada la timidez inicial, casi se olvidaron de lo que están acostumbrados a hacer en una clase normal, y sobre todo del diccionario (nunca me han preguntado tantos significados de palabras en una sola clase) y aunque se oía más chino del que me hubiera gustado, el resultado fue increíble, y de hecho, ahora cada vez que alguno no ha estudiado o no ha hecho los deberes los demás señalan a los carteles de la pared y le dicen: “Tú vas a estudiar cinco minutos todos los días”, un éxito.