ENSEÑAR ESPAÑOL A NIÑOS Y ADOLESCENTES, MI EXPERIENCIA

Como primera actividad para los cursos de Edinumen: “Enseñar español a niños” y “Enseñar español a jóvenes”, nos piden una entrada en la que expliquemos nuestra experiencia al respecto.
Mi experiencia enseñando español a niños y jóvenes ha sido muy variada, de hecho, mi camino como docente empezó así. Mi primera experiencia profesional seria fue como coordinadora de un centro de día infanto juvenil en Móstoles y encargada de las clases de español en el mismo. Gran parte de los usuarios del centro eran niños y adolescentes inmigrantes que necesitaban aprender español a la mayor brevedad posible a fin de poder incorporarse a clase con sus compañeros españoles y poder seguir las clases con normalidad. Los mayores problemas a los que me enfrenté fueron por un lado el tener que dar clases a grupos de chavales de diferentes niveles, edades y nacionalidades, esto conllevaba muy distintos niveles de alfabetización, incluso de alfabetos así como varios niveles de español en el mismo grupo. Por otro lado, los chicos vivían en un contexto de riesgo social, tenían una gran sensación de desarraigo y estaban sometidos a un gran estrés intentando integrarse en un país que acababan de llegar.

Años más tarde trabajé un centro de difusión del español en Glasgow. Allí enseñé a un grupo de niños y otro de adolescentes. La mayor dificultad allí era sin duda la falta de inmersión lingüística, que hacía que en clases de dos horas semanales hicieran el progreso sumamente lento, por lo que era difícil evitar, a veces, la frustración de los alumnos.

Aparte de estas dificultades debidas el contexto específico de las clases hay otra serie de dificultades que me parece que son generales con estas edades, sea cual sea la situación particular de los alumnos: son alumnos para los que es difícil mantener un nivel de concentración alto de manera constante. Tampoco sus intereses son los mismos que los de estudiantes adultos y por descontado, los profesores, en general no estamos tan familiarizados con ellos como sería necesario. Además, no solo el material no puede ser del mismo tipo que el de los adultos sino que la presentación tampoco puede ser la misma: las imágenes, la maquetación, incluso la tipografía debe ser atractiva para ellos. Por otro lado el tipo de lengua que enseñamos no es el mismo que con adultos porque tampoco muchas de las funciones son las mismas.

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