ASÍ ESTAMOS, ASÍ NOS VA

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Hace un mes el diario ABC publicó un desafortunado artículo sobre la enseñanza del español para extranjeros que levantó ampollas entre los compañeros de profesión.

Básicamente dice que enseñar español es una opción estupenda de trabajo cuando vives fuera de España. Que cualquier español lo puede hacer porque, además de que está muy bien pagado, es infinitamente mejor elección que su alternativa: Camarero.

Vamos a dejar a un lado la escasa por no decir nula documentación sobre el tema que demuestra el artículo y del flaco favor que le hace, no solo a la profesión, sino también  al prestigio del idioma que enseñamos, lo más grave desde mi punto de vista es la imagen que da de nuestro trabajo. Ya lo he dicho otras veces en las discusiones al respecto en twitter, pero creo que este artículo no hace más que reflejar la idea, muy extendida, de que somos profesores de segunda ya que parece ser que cualquier nativo puede enseñar español. A todos alguna vez nos han dicho, especialmente trabajando en España eso de: “doy una patada a una piedra y me salen 50 profesores de español”.

Creo que el problema de base es lo poco que valoramos nuestro idioma en general. Según estos datos, el español es un  activo muy importante en el exterior, sin embargo  nos encontramos con que mientras que  para ser psicólogo, hay que haber estudiado psicología, o para ser biólogo biología, un psicólogo, un biólogo o un matemático pueden enseñar lengua española en cualquier instituto de secundaria, lógicamente los controles para enseñar español a extranjeros son mucho más relajados. No quiero que se me malinterprete, no quiero decir con esto que solo puedan enseñar español filólogos, ni mucho menos, de hecho muchos de los mejores profesores de español que conozco no son filólogos, pero está claro que tiene que haber vocación, tiene que existir un interés por la lengua y sobre todo por la enseñanza y formación, formación constante.

El problema es que  no parece que exista una verdadera intención de  proteger nuestro idioma. En las redacciones de  los periódicos han desaparecido los correctores, hace poco vimos la noticia de que una cadena de televisión privada tenido que tomar medidas por los desastres de rotulación y esto no es lo malo, no, lo malo es que las otras cadena deberían hacer lo mismo y ni se lo plantean, no es importante, `por lo tanto nuestra profesión no tiene demasiado mérito, no es especial, todos sabemos hablar español, así pues todos podemos enseñarlo.

Sin embargo sabemos que ser profesor de español es mucho más que enseñar la lengua: enseñamos damos a conocer la cultura, nuestros países, erradicamos tópicos y promocionamos nuestra imagen en el exterior y esto no se consigue solo siendo nativo. Es necesario formarse intensa y continuamente, adaptarse al medio por el que nos movemos, pero sobre todo tener vocación, adorar este trabajo y disfrutarlo cada día. En Finlandia no puedes ni siquiera acceder a las carreras de educación  si no muestras aptitudes para la docencia, para nosotros enseñar español no es sino otra opción si te va mal en la hostelería, por eso se nos paga como se nos paga, disfrutamos de unas condiciones laborales lamentables y no tenemos ningún prestigio  fuera de los círculos de profesores de español. Quizá los primeros que deberíamos darnos a respetar, dentro de nuestras posibilidades seríamos nosotros,  pensad en esto:

¿A cuánto cobráis la hora de clase particular? Sí lo sé, siempre hay alguien que lo hace más barato, pero la calidad se paga, si todos empezamos a cobrar lo que nos merecemos también nuestro alumnos elegirán profesores que merecen sueldos justos y eso solo sería el principio, pero ni nosotros mismos nos valoramos como merecemos.

¿Qué podemos hacer? Ni idea, sinceramente. ¿Qué se os ocurre a vosotros? ¿Le veis solución al problema o pensáis que estamos abocados a la precariedad y al desprestigio eternos? Se admiten propuestas: comentad.